Frivolidad:
 |
| Mujer frívola |
Y así dije
al amado: Marcharemos unidos.
Será tu
nombre el eco de todos los sonidos.
Me trazará
el camino de la huella de tus pasos.
Me abrirá el
horizonte la curva de tus brazos.
Le gritaré a
la vida: rompe, destroza, daña ¡
Yo tengo mi
refugio: su pecho es la montaña ¡
Le gritaré a
la vida: hunde, flota al azar ¡
Yo tengo mi
oleaje: sus ojos son el mar ¡
Y lo seguí
al afán y a la ilusión del puerto.
Y lo seguí
al vacío y al tedio del desierto.
Lo seguí
sola y siempre, horas malas y buenas,
en la luz,
en las sombras, en flores, en cadenas …
Y lo creí
tan fuerte que le fui mansa y suave …
Él, el roble
potente y yo, la pobre ave ¡
Y lo creí
tan bravo que le fui fiel, sencilla …
Él, el mar
tumultuoso y yo la quieta orilla ¡
Ay, uní lo infundible, y estreché lo disperso,
y quise
hacer del cieno un lago limpio y terso … ¡
Mis ojos
hechos llanto, mis labios hechos trizas …
Y su voz
implacable pidiendo más sonrisas ¡
Mi cuerpo en
el cilicio sangrando su querella …
Y su voz
implacable diciendo: sé más bella ¡
Mi alma en
el infierno aullando su condena …
y su voz
implacable diciendo: sé más buena ¡
Carne fácil
y blanda a todos los arrimos ¡
Carne blanda
y traidora con uñas en los mimos ¡
Para todos
los mismos rápidos arrebatos
Lúbrico cual
los perros … falsos como los gatos …
Y ahora digo
al amante: óyeme, pasajero,
no me
preguntes nunca hasta cuánto te quiero.
Si una noche
de luna o una copa de vino
nos reúne en
la misma revuelta del camino …
No me digas
de sueños ni de sombras macabras
háblame
solamente palabras, y palabras …
Júrame por
la arena que acoge todo paso,
y lo graba o
lo borra al azar, al acaso …
Júrame por la espuma que chispea y que brilla,
y que dura un instante de una orilla o otra orilla …
Ah, gato sin escrúpulos que a otras faldas se enreda
cuando ya todo es dado, cuando ya nada queda ¡
No me brindes los mimos de tus uñas, que ahora
solo quiere collares de esta gata de Angora … ¡
Tú frívolo, yo frívola … Soy tu igual, camarada.
No has de quitarme todo para dejarme nada ¡
CLARA LAIR.*
Entre el arte de la frivolidad y
la superficialidad:
Ser superficial no cuesta ningún
esfuerzo. Por eso los superficiales son longevos – no es cierto
que las mujeres viven más que los
varones? -, felizmente longevos. Aquellos ancianos de
excelente buen humor – son adorables
– siempre se inclinaron en la vida por la superficialidad.
En cambio los frívolos son
incapaces de llevarse la fiesta en paz. Siempre están buscando el modo de sobresalir,
aunque sea con la máscara de pasar inadvertidos.
Se llega a la frivolidad por la
vía del conocimiento, la inteligencia, la sensibilidad o el dolor.
El frívolo puede ser superficial
en el momento que se le antoje; el superficial no puede ser
Frívolo. Carece de esa suspicacia.
El frívolo provoca
admiración; el superficial, aburrimiento.
Nada más peligroso que una
mujer frívola; sobre todo cuando navega con banderas de
superficial.
La frivolidad de Wilde es
única e irrepetible. Llevó la frivolidad a tal altura, que se tornó
profunda – la factura
todavía la está pagando.
El frívolo no se toma en
serio ante los ojos de los demás porque de los hombres es quien más se toma en serio.
Pero es un maestro del arte del ocultamiento. Lo que genera en derredor es
confusión: los superficiales lo tildan de banal, y las mujeres de encantador.
El superficial cree que
siempre tiene la razón.
El frívolo hace un platillo
de sus errores, y lo pone en la mesa para la degustación de los comensales.
Los superficiales miden el
alcance de su superficialidad cuando cuentan los pasos de la bailarina.
O las silabas del
endecasílabo. Es el límite del ejercicio de la superficialidad – el cual llevan
a
cabo de forma espontánea; si
lo hicieran deliberadamente serían frívolos.
En el momento en que el
superficial se advierte como superficial, se vuelve frívolo. Lo que
asume con una gran sonrisa.
Es el alpinista que llega a la cima y no hay nadie para recibirlo. La cumbre
del anhelado fracaso.
El superficial es solemne, y
cree que el mundo está hecho a su medida. El frívolo sabe que el mundo está
hecho a su medida.
El frívolo sabe que ciertos
gestos tienen aún más elocuencia que la palabra. Su mejor consejero
es el espejo, y de cuerpo
completo mejor todavía.
El superficial pone énfasis
en sus palabras, sobre todo cuando, zafio, las considera profundas.
El superficial recita un
poema en el momento en que nadie se lo espera, porque piensa que así
no será considerado
superficial.
El frívolo jamás recita un
poema, excepto si lo inventa en ese momento y se lo adjudica a otro;
es decir, excepto si es
para reírse de sí mismo.
Para que el frívolo
sobreviva, necesita del superficial. Es el mérito del superficial.
El frívolo defiende su
semblante: el superficial, sus facciones.
El superficial sueña con la
lencería; el frívolo sabe los precios de la lencería.
El superficial permanece superficial
toda su vida. Para él no es cosa de mérito. Si hubiese doctorado en
superficialidad, el frívolo se llevaría el galardón.
Se nace superficial. La
frivolidad se advierte a lontananza no como un premio sino como el
colmo de la fatalidad.
EUSEBIO RUVALCABA **
(Aforismos).
*Clara
Lair (Marzo 8, 1895): Mercedes Negrón Muñoz, poeta puertorriqueña, escribia
sobre la vida cotidiana de su país Puerto Rico. En 1937 publica “Arras de
cristal” firmando como Clara Lair, uno de sus poemas de mayor renombre. Es
nombrada como la Alfosina Storni de P.Rico por Luis Llorens Torres y hoy su
nombre identifica una organización de país que protege a mujeres en estado de indefensión.
**
Eusebio Ruvalcaba (Septiembre 3 de 1951, México) narrador, poeta, periodista y
tallerista y consumado melómano mejicano
con un estilo particular de interpretar el mundo que le gano adeptos entre
otros, a los adolescentes con su participación activa en la sección homónima Un
hilito de sangre en una revista especializada en rock.
Muy interesante la referencia de E. RUVALCABA, comparto con Ustedes Apartes de una Entrevista a Ruvalcaba por Gerardo Lammers (CONFABULARIO):
ResponderEliminar“Tendría yo unos 5 años y estaba estudiando una sonatina de Mozart en mi casa. Mi padre estaba en la habitación de junto, roncando. Y yo tenía mi atril, mi violincito, mi partitura, y estaba tocando lo que la partitura decía. Y me gritó: ‘Si natural’. Pero yo vi que ahí decía si bemol. Entonces volví a tocar ese pasaje, y me gritó más fuerte: ‘¡Si natural’! Y a la tercera entró como un búfalo, ¡a mí sí me dio miedo! Y me arrebató el violín y me dijo: ‘Te estoy diciendo: ¡Si natural!’. Y le dije: ‘Pero es que ahí dice…’. ‘¡Ahí no dice nada!’, me contestó. ‘¡No importa lo que diga!, ¡préstame el violín y fíjate!’. Tocó el pasaje de la pieza. ‘¿Cómo se oye mejor?’, me preguntó. ‘Así como lo estás haciendo tú’, le contesté. ‘Pues es como te estoy diciendo. Para eso Dios nos dio orejas’. Y luego se salió a seguir roncando”.
“Estudiaba Historia en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM y estaba enamorado de una mujer, que en aquella época era la mejor amiga de mi esposa. Yo la invitaba a que fuéramos a la cama y ella me decía: ‘Me acuesto contigo el día que me escribas un poema’. ‘Yo no escribo poemas’, le dije. ‘Soy estudiante de Historia’. Y me dijo: ‘Tú no lo sabes, pero eres poeta’. Días después estaba yo en El Colegio de México, que entonces se encontraba en la colonia Roma, en la calle de Guanajuato. Allí iba a hacer mis trabajos que me dejaban en la universidad, porque vivía en la calle de Monterrey y me quedaba muy cerca. Estaba en la biblioteca haciendo un trabajo equis y que le empiezo a escribir un poema a esta chava. Bastó eso para que dijera para mis adentros: ‘A esto vine al mundo’. Regresé a casa esa noche y le dije a la que era mi mujer: ‘Mañana ya no voy a ir a la UNAM’. ‘¿Qué? ¿Hay huelga o qué?’. ‘No’, le dije, ‘pero en este momento dejo de ir. Yo soy poeta. Soy escritor’. ‘Pues yo me casé con un maestro y un investigador, no con un poeta’. ‘Bueno, ni modo’, le dije. ‘Así son las cosas’. Y en efecto, al día siguiente ya no fui a la universidad y me dediqué a buscar trabajo como corrector de estilo.
Mis ojos hechos llanto, mis labios hechos trizas…
ResponderEliminar¡Y su voz implacable pidiendo más sonrisas!
Mi cuerpo en el cilicio sangrando su querella…
Y su voz implacable diciendo: ¡sé más bella! ...
ÉL FRÍVOLO, ELLA CIEGA, RODEADOS POR UN AMOR, AMOR NO FRÍVOLO, DÉJAME TOCAR TU INDIFERENCIA, DÉJAME MORIRME EN TU BOCA.
... En cambio los frívolos son incapaces de llevarse la fiesta en paz. Siempre están buscando el modo de sobresalir, aunque sea con la máscara de pasar inadvertidos. Se llega a la frivolidad por la vía del conocimiento, la inteligencia, la sensibilidad o el dolor. El frívolo puede ser superficial en el momento que se le antoje; el superficial no puede ser frívolo. Carece de esa suspicacia. El frívolo provoca admiración; el superficial, aburrimiento. Nada más peligroso que una mujer frívola; sobre todo cuando navega con bandera de superficial.
ResponderEliminarPARA TÍ MUJER FRÍVOLA, MEDUSA ENTRE LAS DIOSAS, YO MUERO EN TU VENENO, TU CREES VERTE COMO ROSA (Hermosa pero sin perfume).